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miércoles, 29 de abril de 2026

París 2026: una experiencia Erasmus para aprender y crecer

El pasado mes de abril tuve la oportunidad de participar en París en el curso  Energy Management: Unlocking Your Productivity, una experiencia formativa dentro del programa Erasmus+ que ha supuesto mucho más que asistir a unas clases o realizar actividades académicas. Ha sido, sobre todo, una experiencia humana, emocional y personal que recordaré siempre. 

Cuando pensamos en un curso Erasmus solemos imaginar aprendizaje, nuevas metodologías o intercambio cultural. Y, efectivamente, todo eso forma parte de la experiencia. Pero participar en una movilidad internacional también significa atreverse a salir de la rutina, enfrentarse a lo desconocido y abandonar, aunque sea por unos días, nuestra zona de confort. 

Viajar sola a otro país, desenvolverme en inglés durante toda la semana y compartir experiencias con personas de diferentes nacionalidades fue, al principio, un auténtico reto. Muchas veces pensamos que el idioma puede ser una barrera, pero este tipo de experiencias demuestran justo lo contrario: lo importante no es hablar perfecto, sino tener ganas de comunicarse, aprender y compartir. 

Poco a poco los nervios iniciales se transformaron en confianza y pude descubrir, que todos los participantes sentíamos algo parecido y que, precisamente por eso, se fue creando un ambiente cercano y enriquecedor.  A lo largo de las sesiones tuve la oportunidad de aprender aspectos relacionados con: 

  • la gestión eficiente de la energía en centros educativos;  
  • la sostenibilidad y la conciencia medioambiental;  
  • la organización del tiempo y la productividad;  
  • el bienestar emocional y la prevención del estrés;  
  • la importancia de crear hábitos sostenibles dentro y fuera del aula.  

París fue el escenario perfecto para vivir esta aventura. Pasear por sus calles después de las sesiones del curso, descubrir su ambiente multicultural y convivir con compañeros de distintos países hizo que cada día fuese especial. Más allá del contenido académico, uno de los mayores aprendizajes fue comprobar cómo la educación une a personas muy diferentes con un mismo objetivo: mejorar y aprender unos de otros. 

Este curso también me hizo reflexionar sobre la importancia de cuidar nuestra energía, nuestro bienestar emocional y nuestra motivación como docentes. A veces el ritmo diario nos hace olvidar lo importante que es parar, compartir experiencias y volver a ilusionarnos con nuevas ideas. 

Participar en un proyecto Erasmus+ ha significado para mí, abrir la mente, ganar seguridad y demostrarme a misma que soy capaz de mucho más de lo que pensaba. También me ha servido para volver al instituto con nuevas ideas, pero también con una enorme satisfacción personal y con la ilusión de transmitir al alumnado la importancia de aprender idiomas, conocer otras culturas y aprovechar las oportunidades que el programa Erasmus nos ofrece. 

Sin duda, ha sido una experiencia inolvidable que recomendaría a cualquier docente: porque no solo aprendemos para enseñar mejor, sino también para seguir creciendo como personas. 

 

Elena María Fernández Delgado

lunes, 8 de septiembre de 2025

Cursos de formación en Lisboa (Portugal)

Celia y Noemi, dos profesoras del IESO la Pola de Gordón hemos tenido la suerte de poder disfrutar de uno de esos regalos con los que a veces te obsequia la vida, bueno, más bien la vida empujada por la coordinadora del proyecto Erasmus de nuestro instituto Rocío, muchas gracias compañera.

El regalo consistía en participar en un curso que bajo el título “Welbeing in nature: outdoor activities for mental and physical health” nos iba a permitir ampliar conocimientos y estrategias para el desarrollo de nuestra profesión, establecer nuevos contactos con profesores de otros lugares de Europa y conocer una nueva ciudad, todo ello a lo largo de seis días entre el 28 de julio y el 2 de agosto y con una duración de 30 horas.

Nos trasladamos a Lisboa, lugar donde se desarrollaría el curso, con la creencia de que íbamos a encontrarnos con una bonita ciudad, primer error, nuestras expectativas, como diremos más tarde, se vieron superadas con creces. 

La coordinadora del curso Beatriz Canas Mendes nos recibió con una gran sonrisa que no desapareció de su cara en ningún momento. Se esforzó continuamente por motivarnos, minimizar las dificultades con las que no íbamos encontrando en especial con el manejo del inglés, establecer unas clases participativas…todo un lujo de coordinadora. Las primeras horas se centraron en conocernos todos los participantes a través de diferentes dinámicas de grupos y mostrar a los demás los institutos de donde procedíamos y sus características. Había compañeros de Italia, Polonia, Alemania, Lituania, Martinica e Irlanda, la variedad de experiencias que allí compartimos fue muy amplia, desde observar el trabajo y las instalaciones de un colegio de infantil y primaria en Alemania, a un centro de secundaria solo masculino en Irlanda, pasando por un instituto situado en el paraíso de la Martinica o un centro con unas increíbles instalaciones en Polonia.

La siempre entusiasta Beatriz comenzaba sus clases con la técnica KWL (saber, quiero saber y aprendí) y bajo esa premisa fuimos analizando a lo largo de los días diversos aspectos relacionados con la salud emocional, su importancia y como trabajarla en el aula. Temas como las inteligencias múltiples de Goleman, la indefensión aprendida de Selligman o el concepto de biofilia aplicado a lo escolar. Siempre con clases dinámicas, con actividades variadas y en diferentes lugares, no solo estuvimos en un aula al uso, impartimos clases en la playa, en un espacio natural cercano a la ciudad y en el edificio y parque Gulbenkian. Si las actividades y los lugares fueron variados, no lo fueron menos los materiales, nos descubrió la plataforma online Goosechaase que permite crear y gestionar búsquedas del tesoro y como aplicarla en la enseñanza, diversos tipos de cartas, pelota gigante con preguntas para reflexionar…

No quiero terminar lo relacionado con el curso sin hacer una especial mención a nuestra compañera de Martinica, Carole, estupenda persona y todo un ejemplo de cómo gestionar las emociones.

Hasta aquí nuestro brevísimo recordatorio sobre nuestra experiencia como alumnas, ahora os relatamos la otra experiencia, Celia y Noemi viajeras.

Es difícil que no te enamore una ciudad cuando la persona con la que haces la visita es la mejor que se puede desear, pero además de la inmejorable compañía, la ciudad es un absoluto deleite.

Ciudad vivida, en la que no sientes que sus calles, barrios y plazas sean un decorado para turistas, al contrario, a pesar de los muchos turistas todavía la ciudad es de los lisboetas y de sus quehaceres.


Preciosos miradores, no nos dio tiempo a visitarlos todos, se impone volver. Maravillosa gastronomía, balao en sus 365 especialidades, solo pudimos probar unas seis o diez, magníficas natas, a pesar de que lo intentamos no nos dio tiempo a comerlas en todos los lugares que han sido premiados por su elaboración, excelentes vinos y ginja, de esto no hablamos…se impone volver.


Los mejores guías turísticos que te puedas encontrar, en si mismos un espectáculo, nos quedó mucha ciudad por recorrer con ellos, se impone volver.

Historia a raudales, con él antes y el después del terremoto de 1755, el Monasterio de los Jerónimos, la Torre de Belén transmutada en obra conceptual al reflejarse en el Tajo envuelta en andamios, habrá que volver para ver ese reflejo sin los andamios.

Museo del azulejo, fachadas con azulejos inundando los diferentes barrios, y entre ellos la Alfama, dando sus últimos coletazos frente a la gentrificación, se impone volver y pronto.

Tranvías desafiando la gravedad o algún otro fenómeno físico, los fados, las tabernas, Pesoa y sus heterónimos, la librería más antigua del mundo… ¡por Dios qué maravilla, se impone volver!

Pero llega el sábado, la realidad despierta, y las viajeras mal que les pese deben volver a sus obligaciones. Bueno, de camino una última paradina para un breve paseín por Sintra. Ciudad de cuento y con un puñado de lugares mágicos que no pudimos visitar por falta de tiempo.


Conclusión, se impone volver.

Celia Francisco Ferrero y Noemí Aller García