Lo primero que me llamó la atención del sistema educativo portugués fue la calma. No una calma rígida ni silenciosa, sino esa sensación de que las cosas tienen un ritmo humano. Las aulas parecían menos obsesionadas con la velocidad y más interesadas en el proceso. Había algo profundamente didáctico en la manera en que el profesorado se relacionaba con el alumnado: cercanía sin espectáculo, autoridad sin tensión. Observé una enseñanza donde la creatividad y la autonomía no eran palabras decorativas escritas en una programación, sino algo que realmente atravesaba la práctica diaria.
En The Worst Tour of Porto, hablamos de urbanismo, turismo, desigualdad y conciencia de clase mientras recorríamos barrios y calles que cuentan otra historia de Porto: una ciudad hermosa, sí, pero también compleja y profundamente marcada por los cambios sociales y económicos.
Especialmente en ciudades como Porto, donde incluso la lluvia parece tener criterio estético.
Lucía Trobajo Voces. Profesora de Plástica.